Trauma ocular

Trauma proviene de la palabra griega que significa herida, y traumatismo es un término general que abarca a todas las lesiones internas o externas ocasionadas por una violencia exterior.

La traumatología ocular tiene particularidades que la diferencian de la traumatología de las otras partes del cuerpo, debido a la extremada sensibilidad del globo ocular. Así como en otros órganos, la curación del trauma representa la completa normalidad funcional, en el ojo las lesiones traumáticas dejan casi siempre una secuela que representa un déficit funcional. Si es la córnea el órgano lesionado, la cicatriz altera la transparencia y la forma de su superficie, si es el cristalino, se produce catarata y si es la retina la lesionada, la visión queda definitivamente más o menos comprometida.

Según José Ignacio Cortés, medico de la sección oftalmológica de la Fundación Santa Fe de Bogotá, el trauma ocular se clasifica en dos categorías: lesiones contundentes y lesiones penetrantes. El 48.2 por ciento de las lesiones oculares son de índole contundente y el 48 por ciento de las lesiones son penetrantes. El sexo masculino es el mayor afectado con un 87 por ciento, los niños menores de 10 años representan un 4 por ciento del total de los pacientes. El 50 por ciento de las lesiones son ocurridas durante el trabajo, un 25 por ciento en juegos infantiles y un 5 por ciento en actividades deportivas.

Clasificación

Heridas no penetrantes del globo ocular

Abrasión o erosión:

Cuerpo extraño en cornea conjuntiva, abarca aproximadamente un 8.4% de la consulta por trauma ocular. Síntomas: Si la lesión está localizada en la córnea, se expresa bajo la siguiente sintomatología; dolor, sensación de cuerpo extraño que aumenta con el parpadeo, lagrimeo, disminución de la agudeza visual en la córnea y blefaroespasmo.

Contusiones:

Las contusiones son capaces de producir.

  1. Hemorragia y tumefacción de los párpados
  2. Hemorragias subconjuntivales
  3. Edema o ruptura de la córnea
  4. Hifema (sangre en la cámara interior), se manifiesta con la disminución de la agudeza visual.
  5. Iridodiálisis(ruptura de la raíz del iris)
  6. Parálisis traumática de la pupila
  7. Catarata traumática
  8. Desprendimiento de la retina
  9. Avulsión del nervio óptico
Fracturas orbitarias:

Constituye otra de las lesiones secundarias a un trauma contundente. Clínicamente pueden manifestarse por.

  1. Asimetría facial
  2. Equimosis
  3. Dolor
  4. Limitación de los movimientos oculares
  5. Palpación de la fractura en el reborde orbitario
  6. Diplopia en la mirada hacia abajo
Quemaduras

Térmicas:

Por vapor de agua, líquidos o contacto con objetos calientes.

Químicas:

Produce destrucciones extensas con cicatrización no deseada, reacción inflamatoria excesiva por necrosis de licuefacción. Ácido-necrosis por coagulación o por desnaturalización de las proteínas de los tejidos. Tratamiento: irrigación profusa con solución neutra, previa instilación de anestesia tópica, uso de midriáticos y limpieza de los residuos de la sustancia y de tejido superficial, para evitar que continúe el proceso de necrosis, principalmente en quemaduras por álcalis, en cuyo caso deben limpiarse los fondos de saco conjuntivales con isopos de algodón.

Heridas perforantes

Se manejan como las erosiones superficiales pero pueden tener las siguientes manifestaciones:

  1. Laceración sin herniación
  2. Laceración con herniación
  3. Cuerpo extraño intraocular
Para toda herida perforante están indicados la oclusión no comprensiva, los antibióticos tópico sistémicos y reparo quirúrgico si las heridas son mayores de dos y tres milímetros. Se deben utilizar materiales adecuados en la sutura para evitar futuras complicaciones. Estas son las razones por las cuales las conductas posteriores al diagnóstico deben ser hechas por el oftalmólogo.

Cuando se sospecha la presencia de cuerpos extraños intraoculares, debe complementarse el estudio con ayuda de rayos X, TAC, tomografía computarizada y ecografía, tanto para localización del cuerpo extraño, como por razones médico legales. Todo cuerpo extraño intraocular debe manejarse bajo la sospecha de endoftalmitis exógena por la elevada frecuencia de contaminación de los cuerpos extraños.

Lesiones en los párpados:

Las heridas palpebrales que no involucran las márgenes se pueden suturar como las heridas de la piel, con la diferencia deque por ser un área vascularizada, no debe ser sometida a resecciones, deben remitirse al oftalmólogo los pacientes con las siguientes heridas:

  1. Aquellas que incluyan el canto interno por la posible sección de canalículos lagrimales.
  2. Laceraciones profundas con compromiso del elevador de párpado superior.
  3. Compromiso del borde libre de los párpados.
Según el Dr. José Ignacio Cortés las complicaciones por reparos inadecuados son: escotaduras marginales, pérdida en la continuidad del drenaje lagrimal, ptosis palpedral, ectropión y lagotalmos. Complicaciones tales como la oftalmía simpática (reacción autoinmune sobre el ojo contraleteral por los posibles pigmentos liberados en heridas perforantes) es muy rara en la actualidad, gracias a un mejor manejo quirúrgico, al uso de antibióticos y corticoides.

La estimación sobre la incidencia de las lesiones oculares varía en función del lugar y de la estrategia de investigación. Así, la Sociedad Nacional de Prevención de la Ceguera de Estados Unidos estima que cada año ocurren más de 2.4 millones de lesiones oculares.

Los doctores Karson y Klein efectuaron un estudio de población en Wisconsin en 1979 y observaron que la incidencia de las lesiones oculares agudas tratadas en el hospital era de 423 por 100.000 habitantes. Se trataba de una población rural siendo las causas fundamentales de los accidentes los asaltos, traumatismos laborales, prácticas deportivas, accidentes de tránsito y caídas. La mayor incidencia se observó en varones de 20 a 24 años.

Tielsch, Parner y Shankar estudiaron la incidencia de ingresos por traumatismos oculares en Maryland desde 1979 hasta 1986; la eventualidad anual resultó del 13.2 por 100.000. Los varones mostraron un riesgo significativamente mayor en todas las edades excepto en los de edad más avanzada. El riesgo mostraba un patrón bimodal, con una frecuencia máxima entre los 15 y los 29 años y por encima de los 70, debido sobre todo a las caídas de los ancianos.

En Estocolmo, con una población de 1.5 millones de habitantes, Blomdahl y Norell, observaron que los traumatismos oculares perforantes eran 6 veces más frecuentes en los varones entre los 10 y 19 años. En el servicio de Oftalmología del Hospital Universitario de Caracas, se comprobó entre los años 1967 y 1972, que de 1.327 hospitalizaciones en menores de 12 años, 325 pacientes correspondieron a traumatismos oculares, lo que representó el 24.49 por ciento, casi la cuarta parte de dichas hospitalizaciones.

En Venezuela los accidentes traumáticos constituyen la segunda causa de ceguera. Según la Sociedad Internacional de Prevención de la Ceguera se considera que la mitad de los casos de ceguera se pueden prevenir. La pérdida de un ojo (ceguera monocular) generalmente ocurre en la primera década de la vida y se deben a los traumatismos oculares que es más frecuente en el sexo masculino que en el femenino.

La mejor forma para descartar cualquier trauma ocular, es visitando a tiempo al oftalmólogo, las posibles deficiencias oculares pueden generar dificultades más graves para el ojo, siendo este un órgano de vital importancia y cuidado, por su delicadeza.

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