SALUD Y BIENESTAR POR EL “DEPORTE REY”

Cr. Ricardo E. Mangia

Gimnasio Fibras

Entrenador de Fisicoculturismo

Las escalas de valores con que cada ser humano se orienta en la vida son tantas como hombres habitan este planeta. Mientras para algunos lo más importante es la familia para otros es la empresa; hay quienes le dan prioridad al amor y están los que optan por el dinero; si algunos prefieren el compromiso total con la comunidad, otros renuncian a todo lo que les impida ser libres de ataduras. Podríamos seguir estableciendo así innumerables concepciones pero hay, sin duda, ciertos valores que consideramos pilares fundamentales en el desarrollo integral del hombre: la salud y el bienestar psicofísico. Quienes desprecien su importancia difícilmente estén en condiciones de optar por las demás. “La salud es la primera de las libertades” (Amiel). “El primero de todos los bienes es la salud, el segundo la belleza, el tercero la riqueza” (Platón).

Salud, hermosa palabra, especialmente cuando se la posee con conciencia, es decir, como resultado del conocimiento, de la comprensión y de un alto concepto de lo que se ha vivido, racional, inteligente e higiénicamente. Me refiero a la higiene en su sentido más amplio, no a la simple limpieza sino a la forma de conservar la salud, precaviéndose de las enfermedades. Recién entonces podemos disfrutar de la salud con satisfacción no sólo física sino también moral; sabernos sanos, fuertes, preparados y optimistas, pues se la conquistó palmo a palmo, con el esfuerzo y la autodisciplina que rigen toda nuestra unidad fisiológica. Salud floreciente, duradera, que participe de un valor atemporal e ideal, parte del bien; la “kalokagatia” de los antiguos griegos (precursores de la cultura física o fisicoculturismo), esa síntesis de lo bueno y lo bello.

Se puede poseer salud de otra manera, viviendo con despreocupación, casi a la ventura, manteniéndola simplemente porque no ha llegado la enfermedad; esa salud rutinaria y artificial resulta mediocre y efímera, sin seguridad en cuanto a su duración. Nacemos vitales, pero el andar sin fundamentos ni aspiraciones, “a la buena de Dios”, con hábitos sedentarios y nocivos, y una alimentación errónea, que intoxica el cuerpo y embota la mente, mina nuestras fuerzas naturales de autocuración, hasta que un día pagamos las transgresiones enfermándonos. Así, el hombre, ¿existe o subsiste? Lo cierto es que “el médico cura, la naturaleza hace bien” (Aristóteles).

De la misma manera que “el éxito es un viaje, no un destino” al decir de Ben Sweetland, la verdadera salud tampoco es un destino, sino un tránsito y una elección inteligente; es un equilibrio armónico y dinámico de los componentes del tejido vivo, en sus aspectos físicos, químicos y biológicos, no sólo en cantidad y calidad sino también en su adaptabilidad. “En esencia, gozar de salud y en un sentido más amplio dirigir nuestra vida, implica tomar su control mediante acciones coherentes. No la forjaremos con lo que hagamos de vez en cuando, sino persistentemente” (Anthony Robbins).

Esa salud preconiza el deporte, en especial el denominado “rey de los deportes” –el fisicoculturismo, con su particular estilo de vida naturista– la que se caracteriza por el buen humor, la resistencia que proviene del entrenamiento duro con pesas, aparatos y maquinas, que depende de la seriedad y recto cumplimiento de los ideales de “mens sana in corpore sano” cuando cada uno puede decir, sin condicionamientos, que es una personificación de la energía, fuerza y desarrollo estético-muscular en grado superlativo, no sólo hoy, sino mañana y siempre.

Debemos tomar conciencia de la importancia y necesidad del deporte como “seguro de salud” porque es un sistema de aprendizaje y crecimiento para realizar no sólo potencialidades físicas. La habilidad para “preparar el cuerpo como una máquina perfecta y modelar el físico como una obra de arte” (lema del Gran Gimnasio Fibras, de Paraná) implica un trabajo similar en otras áreas de la vida. Significa la práctica continua, encontrar satisfacción en los actos repetitivos y en los hábitos disciplinados. Se necesita fuerza mental, optar por alternativas y visualizar el éxito, por simple o modesto que lo hayamos fijado. Sin embargo, la victoria puede ser el objeto del deporte, pero es el camino que conduce a ella lo que tiene mayor significado y lo que debiera concedernos las mayores satisfacciones. Y en ese camino encontraremos, definitivamente, salud y bienestar.