Dormir sin descansar, una situación cada vez más común

Más de un millón de españoles –entre el 4 y el 6% de la población adulta según las últimas estadísticas- padecen síndrome de apnea del sueño, y estas estadísticas se repiten en todas las regiones del mundo, incluso en nuestra provincia. Esta es una patología que se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración superiores a los diez segundos que suman, en muchos casos, dos o más horas de inadecuada oxigenación en una sola noche y que se acompaña de diversos síntomas o complicaciones. Sin embargo, de ese número de personas afectadas, sólo una de cada cinco es consciente de su problema y se somete al oportuno tratamiento, eficaz hoy en el 90% de los casos.

Los datos y afirmaciones sobre la realidad española, corresponden al doctor Joaquín Durán, responsable de la unidad de sueño del hospital Txagorritxu de Vitoria (Capital de País Vasco) y miembro del área de trastornos respiratorios del sueño de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), para quien es de suma importancia que este elevado porcentaje de población que sufre síndrome de apnea del sueño sea diagnosticado y tratado adecuadamente a fin de evitar los graves riesgos a que puede dar lugar.

En septiembre del año pasado, tuve la oportunidad de visitar el Hospital Txagorritxu, realizando un Curso sobre esta patología, y conocer una forma de atención médica diferente a la que tenemos aquí. Son más de 4000 los pacientes estudiados y 800 en tratamiento actualmente, todos cubiertos por la Seguridad Social. La relación médico paciente es óptima y permite un seguimiento de estos pacientes en forma personalizada incluso en su domicilio.

Pero que consecuencias trae esta enfermedad para las personas afectadas?

Cuando las apneas se repiten o son de larga duración (se dan casos en que la ausencia de respiración puede prolongarse durante más de 90 segundos), la cantidad de tiempo pasado sin oxigenación puede ser lo suficientemente grande como para generar importantes problemas psíquicos, sociales, laborales y cardiorrespiratorios.

Entre estos últimos, son frecuentes los cuadros de hipertensión pulmonar y arterial, así como la presentación de arritmias cardíacas. En ciertos casos, además, los efectos pueden ir más allá y desembocar en trombosis cerebrales e, incluso, muerte súbita.

Por otra parte, los accidentes de tránsito provocados por somnolencia en la conducción asociada a apnea del sueño, constituyen también una complicación común que compromete la vida tanto de estos pacientes como de sus familiares.

El control de la enfermedad es igualmente importante en los pacientes que presenta enfermedad pulmonar obstructiva crónica (bronquitis crónica o enfisema) ya que en ellos se registra una especial alteración en el ritmo respiratorio que contribuye a agravar las complicaciones que de por sí plantea la apnea obstructiva del sueño.

Fatiga diurna

El principal síntoma que tienen los pacientes con apneas obstructivas del sueño, es la fatiga diurna crónica acompañada de somnolencia intensa, una situación que muchos pacientes no se explican al estar convencidos de que han dormido suficientes horas como para encontrarse descansados.

La razón de esta paradoja, es que el afectado, al estar dormido, obviamente no es consciente de estas paradas respiratorias que interrumpen el sueño, por lo que si no ha oído hablar de esta enfermedad no sabe a qué puede deberse su sensación de cansancio.

Otro signo asociado con la apnea del sueño son los ronquidos intensos. Se estima que un 15% de los roncadores habituales pueden sufrir un síndrome de apnea del sueño. Estos ronquidos tienen una particularidad que no se debe pasar por alto porque en muchos casos es definitoria para el diagnóstico: el final de cada interrupción respiratoria (apnea), se acompaña por lo común de ronquidos violentos y estrepitosos que despiertan y asustan a los compañeros de cama o habitación.

Ser varón, obeso, ingerir alcohol -especialmente antes de acostarse- y no realizar ejercicio físico, son las principales características del individuo con apnea, aunque no estar incluido en ellas no significa que no se pueda padecer esta enfermedad.

En las mujeres, despertarse a la mañana “con la cabeza embotada”, más cansada que al acostarse y seguir con fatiga durante todo el día, sobre todo en la post-menopausia, son datos que deben alertar sobre esta enfermedad..

Laboratorios o unidades de sueño

Afortunadamente la apnea se trata hoy con muy buenos resultados y dependiendo de la gravedad del cuadro será el tratamiento a seguir.

Para llegar al diagnóstico la persona presuntamente afectada de apnea, debe dormir una noche en una Unidad de Sueño o Laboratorio de Sueño, donde se le someterá a una polisomnografía, prueba que incluye un electroencefalograma que recoge la actividad cerebral durante ese período, un registro de los movimientos de las piernas y de los músculos del mentón, un electrocardiograma, un micrófono que registra los ronquidos, un registro de la respiración por nariz y boca, otro registro de los movimientos respiratorios de tórax y abdomen y el índice de oxigenación de la sangre. Además se registran los episodios de importancia del sueño del paciente en un video.

Si el síndrome que afecta a nuestro paciente es leve, el tratamiento higiénico dietético, posicional o con dispositivos orales de avance mandibular, es suficiente. Si la polisomnografía nos muestra un síndrome de apneas obstructivas del sueño moderado a grave, este se trata mediante el empleo de mascarillas nasales que administran aire a presión e impiden el cierre de la vía aérea, el paciente tendrá que acostumbrarse a dormir con mascarilla, pero, eso sí, disfrutando de una nueva calidad de vida, ya que por fin tendrá un sueño reparador.

TENGO APNEAS DEL SUEÑO?

Ud. puede chequear los síntomas en esta lista. Si usted tiene dos o más de estos síntomas,  frecuentemente, consulte a su médico.

                                                                                                                 Seguido         A veces      Nunca

Sueño inquieto

           

Ronquidos fuertes

           

Somnolencia diurna

           

Poco alerta durante el día

           

Irritabilidad, mal humor

           

Dolor de cabeza matutino

           

Memoria olvidadiza

           

Cambios de humor o de comportamiento

           

Ansiedad o depresión

           

Fatiga diurna

           

Desinterés por el sexo