Cirugía de la obesidad morbida

Cirugía bariátrica: incógnitas sin resolver

En 2003, cerca de 3.000 pacientes fueron sometidos en España a una cirugía de la obesidad. Al igual que en otros países europeos y en Estados Unidos, la cifra de operaciones de esta índole está aumentando un 40 por ciento cada año. Las previsiones apuntan a que el crecimiento continúe, en la medida en que también se cuentan más obesos mórbidos (cuyo IMC supera a 40) en las sociedades occidentales –se calculan 1.700 millones de obesos en todo el mundo, de los que 60 millones pertenecerían a este último grupo-.

Sin embargo, a pesar estas cifras, aún hay muchos aspectos que aclarar en torno a este tipo de tratamientos. Para empezar, no existe un registro de casos de las intervenciones que se realizan en centros españoles, lo que impide tener unas directrices globales sobre las técnicas a aplicar. La Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO) inició en septiembre pasado una revisión de los casos realizados en España con el fin de cotejar resultados e indagar en la morbimortalidad asociada a cada técnica.

Según Santiago Tamames, miembro de esta sociedad y uno de los profesionales más experimentados en la materia, “hasta que no tengamos estos datos no se podrá evaluar de forma global los resultados de la cirugía, ni elaborar una sistematización o unos protocolos con carácter nacional”. De ahí que el Ministerio de Sanidad haya solicitado un informe técnico similar a las distintas comunidades autónomas. Se trata de recabar información que permita entender si los últimos casos de mortalidad acaecidos en torno esta cirugía son anecdóticos y se encuentran dentro del índice de mortalidad esperado, o si por el contrario, constituyen una señal de aviso de que las técnicas aplicadas, los pacientes seleccionados o bien los profesionales que las realizan están fallando más de lo razonable.

Los estudios realizados sobre la mortalidad de la cirugía bariátrica apuntan a un 2 ó un 3 por ciento para todas las técnicas. En cuanto a la morbilidad, al riesgo de complicaciones propio de todo cirugía hay que añadirle el que se deriva de los pacientes con que se trabaja en estos casos. Un estudio realizado por el equipo de investigadores de Patricia Choban, especialista en Cirugía de la Universidad de Ohio, y publicado en la revista profesional de los cirujanos americanos, revelaba que los pacientes con sobrepeso son hasta nueve veces más propensos a sufrir infecciones postquirúrgicas que los que no padecen obesidad.

En un análisis más específico desarrollado por científicos del Hospital de Cleveland, sobre 335 pacientes que fueron intervenidos entre 1998 y 2002 por el procedimiento de by-pass gástrico en Y de Roux, se contaron 57 complicaciones postquirúrgicas , entre las que se incluían infecciones, tromboembolismos pulmonares y neumonías, además de dos fallecimientos durante los 30 días posteriores a la cirugía. El autor principal del estudio, Elmar Merkle, destacaba, durante la última Reunión Anual de la Sociedad Americana de Radiología, el pasado diciembre, que “los pacientes con una mayor obesidad son también los que tienen más probabilidades de presentar una complicación derivada de la cirugía, por lo que habría que considerar el tratamiento sólo cuando no queden más opciones”.

Curva de aprendizaje

Aunque diferentes estudios parecen apuntar que el riesgo específico de estos pacientes potencia las complicaciones tras la cirugía, en otros trabajos también se destaca el peligro de una mala praxis. Investigadores de la Universidad de Pittsburgh presentaron un trabajo en la Reunión de la Asociación Central de Cirugía de Canadá, en Toronto, celebrada en marzo, donde indicaban que las complcaciones en una cirugía de by-pass gástrico descendían significativamente cuando el cirujano tenía mucha experiencia en este procedimiento. El director del Departamento de Cirugía Bariátrica de la Universidad de Pittsburgh aseguraba entonces que los cirujanos que habían realizado menos de diez cirugías con by-pass gástrico al año tenían un 28 por ciento de riesgo de adversidades y un 5 por ciento de mortalidad, comparados con el 14 por ciento y el 0,3 por ciento respectivamente para los cirujanos que tenían más experiencia. Estos datos se recabaron durante tres años de estudio sobre una muestra de 4.674 casos de 73 hospitales distintos en el que participaron 129 especialistas.

De esta opinión se muestra Tamames, para quien en ocasiones, los principales riesgos pueden derivar de una incorrecta aplicación de la técnica, sobre todo cuando se emplea la laporoscopia: “En teoría, cuanto menos invasiva es una cirugía menos riesgos de complicaciones tiene, pero en el caso de la laparoscopia, el nivel de entrenamiento y de habilidad del cirujano es decisivo. Al ser una intervención tras la que el paciente recibe el alta a los dos o tres días, si hay un problema, se constata fuera del centro hospitalario, lo que dificulta que se ataje adecuadamente”. El experto ha recalcado que en todo abordaje quirúrgico existe una curva de aprendizaje y que la introducción de laparoscopia en procedimientos de cirugía abierta aparentemente dominados implica también esta curva.

En este sentido, ha recordado la llamada Declaración de Cancún, acordada por la Sociedad Internacional de Cirugía de la Obesidad, que recogía la recomendación de que los cirujanos sólo estarían suficientemente preparados a partir de un número determinado de intervenciones. “No olvidemos que se trata de una cirugía agresiva, en cualquiera de sus versiones, que se efectúa en pacientes conflictivos y ante la que hay que tener mucho respeto.